Fuente: La Gaceta
Por Unai Cano
La Justicia británica ha condenado a tres hombres a penas de prisión por su participación en una protesta en la localidad inglesa de Epping, unas condenas que superan el tiempo de cárcel impuesto al autor de los delitos sexuales que originaron la indignación vecinal.
El caso se remonta a la sentencia dictada contra Haddouche Kibatou, un inmigrante ilegal de origen etíope que fue declarado culpable de varias agresiones sexuales. Entre los hechos probados figuraron tocamientos y el intento de besar a una menor en edad escolar, así como la agresión a una mujer de edad avanzada. El tribunal le impuso una pena de un año de prisión, además de su inclusión en el registro de delincuentes sexuales y una orden de alejamiento.
La resolución judicial provocó una oleada de enfado en Epping, donde vecinos organizaron protestas frente a un hotel utilizado como alojamiento para solicitantes de asilo. Lo que comenzó como una concentración de rechazo acabó degenerando en incidentes y enfrentamientos con la policía, con acusaciones de desórdenes públicos y violencia.
De aquellas protestas surgieron las detenciones de tres residentes locales, a quienes la Fiscalía acusó de participar activamente en los altercados. El tribunal consideró probado que los acusados contribuyeron a crear una situación de riesgo para el orden público y dictó contra ellos penas de prisión que, en conjunto, superan la duración de la condena impuesta al agresor sexual.
La diferencia entre las sentencias ha desatado una intensa polémica en el Reino Unido. Críticos del fallo hablan de una «justicia desproporcionada», al entender que quienes protestaron por delitos especialmente graves han sido castigados con mayor severidad que el propio autor de esos hechos. Otros subrayan que la violencia durante las manifestaciones no puede justificarse, con independencia del motivo que la origine.
El episodio ha reabierto el debate político y social sobre la gestión de la inmigración, la seguridad en los centros de acogida y la respuesta judicial ante protestas que derivan en disturbios. Mientras tanto, en Epping persiste el malestar entre parte de la población local, que considera que las instituciones no han dado una respuesta equilibrada ni a los delitos sexuales ni a la reacción ciudadana que provocaron.









