Jeffrey Epstein cumplió su misión: mostrar que el mundo es manejado por basura

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Carlos Flores – Panam Post

La tesis de Eric Weinstein es que Epstein era un agente, una figura camaleónica que cumplía órdenes, pero cuyo foco central era conocer los secretos que manejaban los máximos científicos del mundo; las amenazas posibles y cómo mantener control sobre la ciencia, mientras establecía un control en las élites de poder, al dejarlos satisfacer sus apetitos destructivos.

Está muerto, pero sigue vivo. Se desconoce (públicamente) si se suicidó o lo asesinaron. O incluso si está vivo. Jeffrey Epstein, el supuesto magnate financiero, el tipo de la isla de la perdición donde, aparentemente, todos los poderosos, celebridades, ricos… todos los que eran, son y serán “alguien” de peso en el mundo, de todos los países imaginables, pasaron por ahí, se reunieron con él, tuvieron algún tipo de vínculo con su red de tráfico sexual, de menores, de todas las perversiones que Calígula pudo haber fantaseado… El caso Epstein es un lente muy oscuro a través del que llevamos rato fisgoneando dentro de los horribles y decadentes actos de la élite mundial.

Se han hecho públicos millones de documentos, videos, fotos. Interminables cantidades de correos electrónicos… Dios, se requiere casi de una empresa completa y cien personas para leer, responder, y mantener tantas comunicaciones. Si alguien lo analiza con aquella cosa que hace rato se perdió y solía llamarse “sentido común”, sobran las piezas que arman un rompecabezas que podría titularse: Epstein no era Epstein. Aquí hay algo que sobrepasa la astucia o malicia de un solo hombre… a pesar de que nadie quiera enfrentar esta hipótesis. Es más fácil, e incluso genera más morbo, morbo del que vende, buscar a los famosos y millonarios involucrados, que encarar al personaje como tal.

El 21 de diciembre de 2025, The New York Times publicó un súper extenso reportaje, que ellos mismos, en el texto, y sin ninguna modestia lo presentan como la mejor investigación sobre Epstein que se haya hecho. Yo, con menos modestia, les digo: idiotas.

En ese texto, se explora el pasado de Epstein, desde su salto como profesor de física y matemática de una prestigiosa secundaria de New York, a formar parte de la firma Bear Stearns de Wall Street. Y cómo hizo de todo, hasta llegar a ser un “limited partner”… Es decir, casi llegó a ser un socio oficial de una muy reputada empresa como Bear, una potencia en la banca mundial. Y, en medio de todo esto ascenso, siempre lleno de controversias y problemas internos, vienen las asociaciones con personas claves, magnates de toda índole, y así, con el paso de los años… llegó a ser el supuesto genio de las finanzas, a muy pesar que ni siquiera se conocen grandes transacciones exitosas que haya realizado. Pero lo terrible del reportaje del NY Times, es que básicamente su conclusión es que Epstein era un pillo, que tenía demasiada astucia y que con eso le bastó para hacer todo lo que hizo… y esto pareciera ser el resultado no de una investigación objetiva, sino el simple anhelo de seguir cubriendo algo más.

Pensar que un simple profesor de física y matemáticas logró enredar y ganarse la total y absoluta confianza, la intimidad de los seres más poderosos del planeta, y ser el puente para sus actos más aberrantes, y que sólo le requirió sus dotes de ¿astucia?, es pecar de inocente o ser inocente con premeditación.

Basta escuchar a Epstein en alguna entrevista y es fácil notar que no se trata o expresa como un genio de finanzas. Es que ni siquiera hay entrevistas donde haya hablado sobre temas financieros con profundidad y la experticia de alguien con el calibre de tener su propia isla, y manejar fortunas como la del expropietario de Victoria’s Secret. Nada de esto tiene sentido.

Siempre he pensado que hay mucho más detrás de esta historia. Fue una operación tan organizada y ejecutada etapa por etapa, que no cabe en la mente de una persona común y corriente que lo hizo… digamos, solo porque quiso. Epstein vendía silencio. Y aquí entra una de las declaraciones más impresionantes que he visto sobre Epstein y que apoyan mi tesis de que Epstein era todo, menos lo que ha salido a luz pública.

Eric Weinstein es, considero, una de las mentes más brillantes y agudas de nuestra era. Matemático, economista, científico. Y un luchador y defensor de la verdad, que va contra la ciencia establecida, por lo que es visto como un outcast, un renegado, en el mundillo científico. No he visto a alguien que le supere en un debate. Tan simple como eso. Y el año pasado, durante una aparición en el podcast The Diary of a CEO, Weinstein recordó el extraño encuentro que tuvo una vez con Epstein en 2004, dijo que conocerle le causó una reacción fisiológica. Sentía que estaba en presencia de un “constructo”, que no era ningún experto financiero, sino “un activo de una o más agencias de inteligencia” y que, ciertamente, su “negocio” era el silencio.

Toda la lista (tal vez nunca sabremos realmente todos los que formaron parte de su red) de los que le frecuentaban tenían la certeza de que con Epstein podían confiar en hacerlo que sea con quien quisieran. El príncipe Andrew, expresidentes; pero semejante poder no se obtiene de la nada. Y de ahí se apalanca Weinstein, quien además aseguró tratar de hablar temas financieros con Jeffrey Epstein y encontró que no tenía conocimientos usuales de alguien que realmente pertenece a ese mundo.

Sin embargo, lo que sí despertó todas las sospechas en Eric Weinstein fue la confrontación directa de Epstein, que conocía los pormenores de sus investigaciones. “Sabía demasiado sobre mi trabajo científico y estaba conectado con mi programa de posgrado en Harvard”. Esto lo alejaba del personaje o la fachada con la que todo el mundo lo conocía.

Y como nadie habla de ciencia pura en estos tiempos donde Tik Tok es más imprescindible para vivir, medios como The New York Times, en su autoproclamada superinvestigación, olvidaron indagar sobre el porqué Epstein financió las conferencias más importantes, en el plano científico, realizadas en las últimas décadas: En 2002, organizó en su isla privada el Simposio de IA, donde acudieron los pioneros de la Inteligencia Artificial. A este evento le siguió la Conferencia sobre la Gravedad (2012), un hito histórico, donde pretendían definir qué es exactamente la gravedad; uno de los invitados y ponentes fue Stephen Hawking.

Luego vendría la Conferencia sobre el «Día del Juicio Final», analizando el cambio climático y las armas nucleares. Incluso financió el Programa de Dinámica Evolutiva de la Universidad de Harvard en 2003.

La tesis de Eric Weinstein es que Jeffrey Epstein era un agente, una figura camaleónica que cumplía órdenes, pero cuyo foco central era conocer los secretos que manejaban los máximos científicos del mundo; las amenazas posibles y cómo mantener control sobre la ciencia, mientras establecía un control en las élites de poder, al dejarlos satisfacer sus apetitos destructivos.

Y lo logró. Cumplió la misión, en la que seguro no estuvo solo. Cual fuera la agencia o el grupo del cual formaba parte, debe estar satisfecho. Epstein será recordado como el predador sexual de los ricos y famosos… mientras que su objetivo medular seguramente fue conseguido… y sobre eso, nadie se atreverá a hablar.


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