Por Virginia Martínez – VOZ
El sistema instaurado tras la revolución de 1959 prometía igualdad y prosperidad, pero hoy la isla exhibe una de las economías más frágiles del hemisferio. La falta de combustible, los apagones constantes y la caída de sectores clave como el turismo y la industria reflejan no sólo presiones externas, sino también debilidades estructurales acumuladas durante décadas de planificación estatal ineficiente.
La actual crisis energética y económica de Cuba no puede entenderse únicamente como el resultado de sanciones o coyunturas internacionales. Es también la consecuencia de un modelo político y económico centralizado que, durante más de seis décadas, ha mantenido el control absoluto del poder mientras la mayoría de la población enfrenta escasez crónica, bajos salarios y limitadas libertades.
El sistema instaurado tras la revolución de 1959 prometía igualdad y prosperidad, pero hoy la isla exhibe una de las economías más frágiles del hemisferio. La falta de combustible, los apagones constantes y la caída de sectores clave como el turismo y la industria reflejan no sólo presiones externas, sino también debilidades estructurales acumuladas durante décadas de planificación estatal ineficiente.
El régimen encabezado ahora por Miguel Díaz-Canel ha insistido en atribuir la crisis principalmente al embargo estadounidense. Sin embargo, incluso aliados históricos como Venezuela han reducido su capacidad de apoyo, exponiendo la dependencia crítica del modelo cubano de subsidios externos.
Un modelo que concentra recursos en el Estado, no en los ciudadanos
A diferencia de economías abiertas, en Cuba el Estado controla los sectores estratégicos: energía, exportaciones, turismo, telecomunicaciones y servicios médicos. Esto significa que los ingresos en divisas no fluyen libremente hacia la población, sino que son administrados por el aparato gubernamental.
Uno de los ejemplos más claros es el programa de exportación de servicios médicos. Aunque genera miles de millones de dólares anuales, organizaciones de derechos humanos han cuestionado que el Estado retiene la mayor parte de los salarios pagados por los países receptores, mientras los profesionales reciben sólo una fracción.
Cuba pierde aliados en la exportación de médicos y Sherritt suspende operaciones
La crisis cubana se profundiza con la retirada de convenios médicos por parte de Guyana y San Vicente y las Granadinas, sumándose a la lista de países que ya cancelaron estos acuerdos, como Guatemala, Bahamas y Antigua y Barbuda.
Estas decisiones se producen en un contexto de presión diplomática de Estados Unidos, que ha calificado los convenios médicos cubanos como una forma de «trata de personas» y ha advertido sobre posibles sanciones a los países que continúen participando en ellos.
El impacto económico es significativo: la exportación de servicios médicos constituye la principal fuente de divisas del régimen cubano, alcanzando ingresos de hasta 5.000 millones de dólares anuales, superando incluso al turismo.
También la minera canadiense Sherritt International anunció la suspensión de sus operaciones en Cuba a partir de la próxima semana, debido a la imposibilidad de recibir combustible para su planta de procesamiento en la mina de Moa, uno de los proyectos industriales más grandes del país.
La instalación produce níquel y cobalto, minerales estratégicos para baterías y aleaciones, y representa una fuente significativa de ingresos para el Gobierno de La Habana. Según la empresa, aún se desconoce cuándo podrán reanudarse las entregas de combustible, lo que obliga a poner «en pausa» la planta, afectando tanto la producción como el flujo económico vinculado a la explotación minera.
La paralización de Sherritt evidencia cómo incluso los grandes proyectos industriales extranjeros están siendo forzados a suspender actividades, profundizando la vulnerabilidad económica del régimen cubano.
Crisis energética y deterioro cotidiano
Los apagones que afectan a gran parte del país son hoy el símbolo más visible del colapso económico. Sin electricidad constante, se paralizan negocios, hospitales y escuelas. Las familias deben reorganizar su vida diaria en torno a cortes eléctricos que pueden durar horas o incluso días.
Esta situación no es nueva, pero se ha agravado por la falta de inversión, la obsolescencia de la infraestructura y la escasez de divisas para importar combustible. La caída del apoyo venezolano eliminó uno de los pilares que sostenía artificialmente el sistema energético. El resultado: oscuridad.
El transporte, prácticamente paralizado por falta de combustible
El sistema de transporte público urbano en La Habana ha quedado prácticamente detenido debido a la grave escasez de combustible que sufre el país, informaron las autoridades del sector. La página oficial Transportación Habana TH publicó en redes sociales que no hay servicios disponibles en ninguna de las rutas urbanas, y que la suspensión se mantendrá «hasta nuevo aviso» mientras continúe el déficit energético.
Esta situación afecta directamente a miles de residentes que dependen de ómnibus y microbuses para sus desplazamientos diarios hacia el trabajo, la escuela y centros médicos, y representa un colapso de uno de los servicios básicos en la capital cubana.
Impacto a nivel nacional y crisis del transporte interprovincial
La falta de combustible no se limita al transporte urbano. En provincias como Camagüey, las autoridades anunciaron que solo se mantiene un único viaje diario de autobús hacia La Habana, mientras que el resto de las rutas interprovinciales han sido suspendidas temporalmente por la escasez de combustible.
En otras regiones, como Holguín, se han reducido drásticamente los servicios de transporte de pasajeros, incluyendo terminales urbanas, rurales y ferroviarias, dejando a la población con opciones limitadas para moverse dentro y fuera de sus municipios.
Alternativas improvisadas y encarecimiento de la movilidad
Ante la ausencia de transporte público formal, muchos cubanos han recurrido a alternativas informales. Los triciclos eléctricos y otros vehículos de tracción humana o eléctrica se han convertido en una forma de movilidad más asequible para algunos residentes, aunque su uso sigue siendo limitado debido a los frecuentes apagones eléctricos y falta de infraestructura para recarga.
El transporte privado, como taxis, enfrenta un fuerte encarecimiento por la escasez de gasolina, que en el mercado informal puede costar hasta varios dólares por litro, lejos del salario medio de los trabajadores estatales, que ronda apenas un equivalente de pocos dólares al mes.
La suma de estos factores configura un cuadro en el que la movilidad cotidiana, tanto urbana como interprovincial, está severamente comprometida.

Mientras tanto, el turismo -una de las principales fuentes de ingresos- opera muy por debajo de su capacidad, afectado por la crisis interna, la falta de suministros y la incertidumbre económica.
La profunda escasez de combustible en Cuba ha llevado a que varias aerolíneas internacionales suspendan sus operaciones hacia la isla, sumiendo al sector turístico en una crisis sin precedentes. Aerolíneas canadienses como Air Canada, Air Transat y WestJet han detenido sus vuelos debido a la imposibilidad de abastecer a sus aeronaves, mientras que compañías rusas como Rossiya y Nordwind anunciaron la evacuación de turistas y la cancelación de rutas por dificultades similares.
Incluso LATAM Perú suspendió vuelos hacia La Habana a partir del 14 de febrero, manteniendo únicamente operaciones limitadas para la repatriación de pasajeros hasta el 7 de marzo.
La crisis aérea refleja un aislamiento económico cada vez mayor de la isla, que se ha quedado sin suministros de petróleo venezolano tras la detención del dictador Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y bajo la amenaza de aranceles por parte de Washington a cualquier país que venda combustible a la nación caribeña.
Este contexto ha provocado que los aeropuertos cubanos carezcan de combustible comercial desde principios de febrero y que la Organización de Aviación Civil Internacional prevea que la situación se mantenga hasta al menos el 11 de marzo.
Como resultado, Canadá, el principal mercado de visitantes internacionales, y Rusia, el segundo, han reducido drásticamente la llegada de turistas, golpeando un sector que generó 917 millones de dólares en 2025, lejos de la meta de 1.200 millones.
Pese a los intentos de la Oficina de Turismo de Cuba de garantizar que «el alojamiento y los servicios turísticos permanecen plenamente operativos», la evidencia indica que el aislamiento energético y financiero amenaza la viabilidad misma de la industria turística, agravando la crisis económica.
Hoteles afectados por la crisis
Así mismo varios hoteles en la isla han suspendido temporalmente sus operaciones o cerrado parcialmente como parte de las medidas del sector turístico para ahorrar recursos y adaptarse a la caída de demanda.
Según operadores turísticos y comunicados recientes, entre los establecimientos que han cerrado o suspendido actividades se encuentran:
- Valentín Perla Blanca (Cayo Santa María).
- Sol Cayo Santa María.
- Meliá Buenavista (Villa Clara).
- Iberostar Origin Playa Pilar (Cayo Guillermo).
- Iberostar Origin Daiquirí (Cayo Coco).
- Gran Muthu Imperial Cayo Guillermo.
- Tryp Cayo Coco.
- Mojito Hotel (Cayo Coco).
- Hotel El Patriarca (Varadero).
- Gran Muthu Ensenada (Holguín).
Además, el grupo Meliá Hotels International -una de las cadenas extranjeras más presentes en Cuba- ha reducido la disponibilidad de tres de sus hoteles según la ocupación actual y condiciones operativas, integrándose a la tendencia de cierres temporales.
Represión y control político en medio de la crisis
La crisis económica se desarrolla en paralelo con un fuerte control político. El régimen no permite elecciones multipartidistas ni oposición legal organizada. Las protestas, como las registradas en julio de 2021, fueron respondidas con detenciones masivas, condenas judiciales y vigilancia intensificada.
Organizaciones internacionales han documentado arrestos de disidentes, periodistas independientes y ciudadanos que expresan críticas al gobierno. El control sobre los medios de comunicación limita el acceso a información independiente dentro del país.
Este contexto político reduce el margen para el debate público o la implementación de reformas profundas impulsadas desde la sociedad civil.
Dependencia externa y vulnerabilidad estructural
Durante décadas, Cuba ha dependido del apoyo de aliados extranjeros para sostener su economía: primero la Unión Soviética, luego Venezuela. Esa dependencia ha expuesto al país a crisis severas cada vez que ese respaldo desaparece o se debilita.
La reciente presión diplomática desde Washington, durante la administración de Donald Trump, y la continuidad de sanciones han agravado las dificultades económicas, pero también han puesto en evidencia la fragilidad de un modelo que no ha logrado generar crecimiento autosostenible.
¿A dónde mirar cuando ya no quedan aliados?
Cuba enfrenta hoy un aislamiento regional más evidente que en otros momentos de su historia reciente. Aunque algunos gobiernos han expresado solidaridad retórica frente a las sanciones estadounidenses, el respaldo material concreto es limitado. México ha enviado ayuda humanitaria puntual, pero incluso aliados tradicionales como Brasil o Venezuela no han anunciado nuevos compromisos energéticos significativos que permitan aliviar la crisis estructural de la isla.
La diferencia entre declaraciones políticas y asistencia real es cada vez más notoria.
Al mismo tiempo, varios países que en el pasado mantuvieron vínculos estrechos con La Habana han optado por tomar distancia. Gobiernos de distinto signo ideológico han evitado comprometer recursos o han revisado acuerdos, como ocurre con la reducción de brigadas médicas en algunos Estados centroamericanos. En Sudamérica y Centroamérica predominan el silencio diplomático o posiciones alineadas con Washington, lo que evidencia que Cuba ya no cuenta con un bloque regional dispuesto a sostenerla económicamente frente a la presión externa.
El resultado es un escenario en el que la isla depende de apoyos puntuales y limitados, sin un socio estratégico que sustituya el respaldo petrolero que durante años recibió de Venezuela. Sin financiamiento amplio, sin flujo energético estable y con pocos aliados dispuestos a asumir costos políticos o económicos en su defensa, la isla atraviesa una etapa en la que, más allá del discurso ideológico, se encuentra prácticamente sola en el mapa latinoamericano.
El resultado: una población atrapada entre crisis económica y control político
Para millones de cubanos, la consecuencia es una realidad marcada por la escasez, la emigración y la incertidumbre. La salida del país se ha convertido en la principal vía de escape para quienes buscan mejores oportunidades y libertades.
La crisis actual no es sólo energética ni financiera. Es el reflejo de un sistema que ha priorizado la supervivencia del aparato político sobre la prosperidad individual y el desarrollo económico sostenible.
Mientras el gobierno intenta mantener el control en medio de la escasez, el desafío de fondo sigue siendo el mismo que ha marcado a la isla durante más de 60 años: la incapacidad de su modelo político y económico para ofrecer bienestar y libertad a su población.









