Fuente: La Gaceta de la Iberosfera
Tokio refuerza su escudo defensivo ante el expansionismo chino
Japón ha anunciado que desplegará un nuevo sistema de defensa antiaérea en Yonaguni, la isla más occidental del país y la más próxima a Taiwán, con horizonte en 2031. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, confirmó que ya se han iniciado los trabajos preparatorios para la infraestructura que albergará los proyectiles, en un movimiento estratégico que refuerza el posicionamiento de Tokio frente al creciente activismo militar de Pekín en la región.
El plan contempla la instalación de misiles tierra-aire de alcance tipo 3 en el campamento militar de Yonaguni. Según explicó Koizumi, el calendario podría ajustarse en función de la evolución técnica y presupuestaria, aunque el objetivo político es claro: fortalecer la capacidad disuasoria japonesa en el flanco suroccidental del archipiélago.
El anuncio se produce en un contexto de deterioro sostenido de las relaciones entre Japón y China. En los últimos meses, Pekín ha intensificado sus maniobras militares en torno a Taiwán, incluyendo vuelos de cazas y ejercicios navales que se han aproximado a territorio japonés. Durante ejercicios a gran escala celebrados en diciembre, varias aeronaves chinas operaron en las inmediaciones de Yonaguni, elevando la tensión estratégica.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, ya dejó claro a finales de 2025 que Tokio no permanecería indiferente ante un eventual ataque chino contra Taiwán, isla que Pekín considera parte inseparable de su territorio. El despliegue previsto forma parte de una revisión más amplia de la doctrina de defensa japonesa, orientada a reforzar su capacidad de respuesta ante amenazas en el Indo-Pacífico.
Desde Pekín, las autoridades han criticado el plan, acusando a Tokio de «provocar confrontación». Sin embargo, el Ministerio de Defensa japonés sostiene que la medida tiene un carácter estrictamente defensivo y busca reducir el riesgo de agresión directa contra territorio japonés.
Con esta decisión, Japón consolida su giro estratégico hacia una política de seguridad más robusta, alineada con sus aliados regionales y con Estados Unidos, en un escenario geopolítico cada vez más marcado por la competencia entre potencias en el estrecho de Taiwán.









