Irán: dos mujeres convertidas al cristianismo y condenadas a la horca por repartir biblias

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Fuente: La Gaceta

Maryam Rostampour y Marziyeh Amirizadeh, dos jóvenes iraníes convertidas al cristianismo, fueron condenadas a muerte por el régimen de los ayatolás tras desarrollar una intensa labor de evangelización que incluyó el reparto de miles de ejemplares del Nuevo Testamento en su país natal.

Su historia, que con el paso de los años ha adquirido notoriedad internacional, comenzó mucho antes de su detención. Ambas nacieron en familias musulmanas en Irán, pero su vida dio un giro tras abrazar la fe cristiana. Se conocieron en 2005 durante su formación en teología en Turquía y descubrieron que ambas habían experimentado una conversión similar años antes. A partir de ese momento decidieron colaborar y regresar a Irán, donde iniciaron una actividad clandestina de difusión religiosa.

En Teherán organizaron reuniones en su propio domicilio, creando dos pequeños grupos: uno dirigido a jóvenes y otro enfocado en mujeres en situación vulnerable, incluidas trabajadoras sexuales. Paralelamente, distribuyeron alrededor de 20.000 biblias en persa, una actividad considerada ilegal por las autoridades iraníes.

Su detención se produjo de forma repentina. Según relataron posteriormente, fueron arrestadas y separadas de inmediato para ser sometidas a interrogatorios intensivos. Los agentes querían información sobre sus creencias, sus contactos y las reuniones que organizaban. A partir de ese momento comenzó un proceso judicial en el que se les imputaron delitos religiosos y políticos.

Las acusaciones incluyeron apostasía, blasfemia y acciones contra la seguridad del Estado, cargos que dentro del sistema legal iraní pueden conllevar castigos extremadamente severos. Finalmente, fueron sentenciadas a morir en la horca, una decisión que provocó una fuerte reacción fuera de Irán.

Tras su arresto, fueron trasladadas a la conocida prisión de Evin, uno de los centros penitenciarios más duros del país. Allí permanecieron cerca de nueve meses, durante los cuales, según su propio testimonio, fueron sometidas a presión constante para renunciar a su fe. «Nos ofrecían la libertad si negábamos a Cristo», han explicado en distintas ocasiones.

Durante su estancia en prisión, describieron un ambiente de miedo, aislamiento y tensión continua, aunque también aseguraron haber encontrado momentos de fortaleza interior. A pesar de las circunstancias, afirman que intentaron mantener sus creencias e incluso compartirlas discretamente con otras reclusas.

El caso comenzó a ganar repercusión internacional gracias a la movilización de organizaciones de derechos humanos y comunidades religiosas, que denunciaron la situación y ejercieron presión diplomática sobre el régimen iraní. Esa campaña global resultó determinante: en 2009 ambas fueron finalmente liberadas, y un año después quedaron exoneradas de todos los cargos.

Tras abandonar Irán, se establecieron en Estados Unidos en calidad de refugiadas. Desde entonces han participado en conferencias, encuentros religiosos y giras internacionales en las que relatan su experiencia, recogida también en el libro Cautivas en Irán.

En los últimos tiempos han vuelto a situarse en el foco mediático por sus posicionamientos políticos. Ambas han mostrado su respaldo a las acciones de Israel y Estados Unidos contra el régimen iraní, al que consideran responsable de la represión interna. También han agradecido públicamente al expresidente Donald Trump su implicación en defensa del pueblo iraní.

Marziyeh Amirizadeh ha defendido abiertamente la necesidad de un cambio de régimen en Irán, argumentando que la desaparición de la República Islámica es imprescindible para garantizar la libertad religiosa y los derechos de las mujeres. Por su parte, Maryam Rostampour ha expresado su deseo de que el país experimente una transformación profunda que permita a sus ciudadanos vivir sin persecución.

Ambas mantienen contacto con comunidades cristianas dentro de Irán y aseguran que muchos creyentes viven en condiciones de aislamiento, frustración y miedo. Según sostienen, la legislación vigente castiga la conversión religiosa y la evangelización, lo que sitúa a estos grupos en una situación de especial vulnerabilidad.

Su testimonio se ha convertido en uno de los relatos más conocidos sobre la persecución religiosa en Irán, y sigue siendo utilizado por organizaciones internacionales para denunciar las restricciones a la libertad de culto en el país.

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